¡Para hoy… para hoy!!La historia “El Cocodrilo”, popular pregonero de oficio

¡Para hoy… para hoy!!La historia “El Cocodrilo”, popular pregonero de oficio

Personajes de Guanajuato

Por L.R.P

En toda la ciudad de Guanajuato, el peculiar grito de ¡“Para hoy… para hoy!”, con el que se daban a conocer las funciones del cine Reforma, del cine Colonia, las presentaciones de lucha libre o los juegos de beisbol. El pregón provenía de la garganta de un tal “Cocodrilo”, que así le llamaban a ese individuo pero que nadie conocía de donde provenía su apodo y menos quien se lo había impuesto, aunque todos en la redonda lo identificaban bien, si, aquel hombre maduro de complexión robusta que muchos atribuían a su perpetua afición por alcohol.
El apodo reptilesco caía en la persona de Carlos Granados Lona, nombre de pila del gritón conocido como “El Cocodrilo”, uno de los guanajuatenses que ponía sal y pimienta a la ciudad en los años cercanos a la primera mitad del siglo XX. Ya fuera anunciando películas de Pedro Infante o cualquier otra de la época de oro del cine mexicano, era normal ver a este personaje repartiendo publicidad de los filmes en cartelera y vociferando a todo pulmón las funciones desde lo alto del cerro de San Miguel.

Potentes gritos caídos del cielo

Su travesía diaria comenzaba en el  cine Reforma tomando como ruta el camino a la entonces rústica Carretera Panorámica, con intercalados gritos por los callejones, como si  fuese un tenor calentando su voz, en ocasiones con esporádicos buches de algún licor tratando de curar la resaca del día anterior, “El Cocodrilo” subía a ese cerro que le permitía tener a todo Guanajuato a sus pies, donde para entonces un incipiente monumento al “Pípila” aguardaba tranquilo el potente rugir de sus pulmones.

Aprovechando la estratégica posición del cerro de San Miguel y sacándole el mayor provecho al don que cargaba en su recia voz, “El Cocodrilo” lanzaba desde esas alturas los gritos que estallaban con claridad en una silenciosa ciudad allá abajo, donde solo los pregones de nuestro personaje sacaban la cotidineidad a la gente; para esos años la contaminación auditiva era un tema que no quitaba el sueño a los guanajuatenses , pues pocos automotores rodaban por las calles en las que todavía se podía disfrutar un apacible ambiente.

Ya fuera en el Jardín de la Unión o en la Plaza de la Paz, en el mercado Hidalgo o en la Alhóndiga de Granaditas, los gritos de “El Cocodrilo” anunciando las películas, las funciones  de lucha libre o de otros espectáculos, desde uno de los puntos altos de la ciudad, atraían la atención de la gente en su andar cotidiano por Guanajuato; los pregoneros parecían caídos del cielo y todos los reconocían por saber que eran él uno de los personajes más pintorescos y representativos del pueblo.

En su trabajo, dedicado y cumplido

“El Cocodrilo” formaba parte de la plantilla de empleados de los cines Reforma y Colonial como pregonero de las funciones, aunque en ocasiones realizaba gritos extras en otros acontecimientos, pues eventos importantes en la ciudad también eran mencionados con gran intensidad por Carlos Granados lo mismo en las calles y callejones que desde lo alto del cerro de San Miguel.

Equipado únicamente con un “cucurucho” de lámina que le servía para amplificar su voz, las constantes vibraciones de su garganta desprendían la frase que haría famosa don Carlos Granados: “Para hoy…!  Para hoy…!”, gritos que para entonces representaban la forma más efectiva para anunciar las funciones de cine, y a pesar de lo austero de ese medio publicitario sus gritos se posicionaron en la gente de Guanajuato a tal grado de que todos en el pueblo lo conocían y esperaban la cartelera parlante.

Sus compañeros en el cine Reforma le conocían como el propagandista y entre sus principales labores destacaban esos potentes gritos, aunque además. “El Cocodrilo” desempeñaba otras tareas, como recoger la propaganda que llegaba a la antigua estación de Tepetapa y posteriormente la repartía en la ciudad, así como pintar y hacer las decoraciones necesarias en la fachada del cine conforme se estrenaban las películas.

Era común encontrarlo en el cuarto que le fue asignado en el edificio el cine Reforma, y donde invertía parte de su tiempo en recoger y acomodar los volantes publicitarios que llegaban con horarios que se manejaban de acuerdo a las funciones que se presentaban en la mañana de nueve a dos, y por la tarde de cuatro a ocho horas durante las cuales sus pasos lentos pero constantes recorrían Guanajuato.

El recuerdo de El Cocodrilo

En la actualidad muchos de los guanajuatenses desconocen la existencia de este progonero que cubrió una gran época, no obstante que fue de gran importancia en el Guanajuato contemporáneo y que aún es reconocido por ciudadanos y amigos que compartieron algunos días y coincidieron en pisar este mundo cuando los gritos de Carlos Granados Lona estremecían la periferia.

Por convivir más tiempo con él, Porfirio Ramírez todavía conserva en su mente anécdotas al lado del Cocodrilo, una de ellas es el día en que se festejaba a la cinematografía, ocasión que los trabajadores del cine Reforma aprovechaban para conmemorar con un convivio, fue la presa de “La Esperanza” donde el pregonero Carlos terminó en muy mal estado cayéndose en la tina que contenía las botellas de cervezas.

Otro de los compañeros recuerda a “El Cocodrilo” a pesar de haber convivido poco con él, es Tiburcio Ramírez, ex conserje del cine Reforma, que junto con su señora esposa Jesús Sandoval evoca a don Carlos como un buen hombre dedicado en su trabajo, pero con gusto excesivo al alcohol.

Como un hombre respetuoso lo considera doña Aurora, compañera de él en el cine Reforma, quién además recuerda la manera de ser de El Cocodrilo como chistoso, pues cuando lo mandaban a hacer alguna actividad fuera de sus labores, él respondía:

-Bueno, ¿y que me van a pagar?, porque cuando yo nací a mi mamá le cobraron, entonces ustedes me tienen que pagar algo por mandarme”.
Uno de los lugares más importantes en la vida de este pregonero fue la plazuela del monumento al “Pípila”, adonde subía a gritar esas líneas que lo hicieron famoso, y fue ahí donde conoció a don Ventura Márquez con quien llegó a entablar una buena relación al grado de llevase con bromas pesadas, pero siempre manteniendo la línea del respeto.

“El malora y yo malora”, menciona recordando los insultos inofensivos que se decían uno al otro al participar en una lluvia de carrilla en la que también participaban “El loco” Lorenzo, el taxista y toda la palomilla de los 50. Don Ventura lo recuerda a diario, pues su camioneta lleva el nombre de “La Cocodrila”, y hasta escribió en la defensa este sobrenombre en honor a Carlos Granados.

El alcohol en la vida de “El Cocodrilo”

Hijo de don Pomposo Granados y doña Eduviges Lona, poco se sabe de la infancia y juventud de Carlos, fue siempre muy reservado sobre su vida, en su madurez se “arrejuntó” con doña Trinidad, señora de edad aparentemente similar a la de él y ya con una vida hecha, pues para entonces tenía dos hijos Rodolfo “el picao” y Manuel, los dos de apellido Hernández que pasaron a ser vástagos adoptivos de “El Cocodrilo”, sin ninguna obligación ya que conservaron su apellido y su madre nunca estuvo casada con el pregonero.

De esta forma “El Cocodrilo” se hizo de una familia improvisada, misma que residía en una casa modesta ubicada en el callejón de Cinco Señores No. 5, en donde la señora Trini atendía un negocio pequeño de dulces.

Soltero ante lo civil, durante toda su vida, “El Cocodrilo” mantenía una relación formal con la señora Trinidad, aunque personas cercanas a él afirman que mantenía algunos romances ocultos, siendo su discreción la mejor aliada y que le permitió mantener ante la sociedad esta faceta de su vida lejos de chismes y siempre al lado de su pareja.

Los momentos en los que el licor tocaba el paladar de Carlos Granados, se convertían en instantes llenos de sensaciones diversas para él, pues eran de los que más disfrutaba, gozaba, sentía y sufría, el alcohol podía hacerle sentir todo estoy más, como lo recuerda todavía don Porfirio Ramírez, quien lo llegó a acompañar a un sinfín de cantinas a probar unos tragos.

Entre los lugares que frecuentaba Carlos Granados estaba la cantina ubicada frente al cine Reforma, sitio donde fraguó su debacle “El Cocodrilo”, ya que fue ahí justamente donde comenzó la última de sus borracheras producto de una fuente discusión con una mujer.

Porfirio Ramírez recuerda aquel momento cuando pocos minutos después de su hora de entrada al cine Reforma, “El Cocodrilo” recibió una llamada, durante la cual se le notó un claro disgusto en el semblante. Por la corta conversación su amigo dedujo que la otra persona en el auricular era una mujer, que, por supuesto no era la señora Trinidad, y segundos antes de que el hombre colgara la bocina mencionó:

-“Pero de mi no te vas a burlar”
Al instante de concluir la llamada “El Cocodrilo” invitó a Porfirio Ramírez a la cantina sin explicar el porqué de ese impulso, y aunque en principio dudó en acompañarlo, al imaginar lo que pasaba y a pesar de la hora aceptó ir. Fue a partir de entonces que Carlos Granados se perdió por más de una semana en el alcohol, sustancia que lo llevó a un crítico estado de salud, ya que su diabetes contribuyó a incrementar el daño que su vicio le provocaba. Después de varios días agonizando a causa de la insuficiencia renal crónica que lo indujo al coma diabético, “El Cocodrilo” fue internado en el Hospital General de Guanajuato, donde se encontró con la muerte la tarde del 31 de julio de 1971 justo cuando el reloj marcaba las 14:45 horas, como lo certificó el Dr. Rodolfo Hernández Pulido.

De esta forma un personaje tan conocido por los guanajuatenses dejaba de existir a la edad de 54 años. La trágica noticia se hizo del saber popular, los rumores corrían en la toda la mancha urbana:
-“Se murió el que gritaba las funciones” era  frase recurrente en los guanajuatenses comenzando en el mes de agosto, de igual forma se les hizo saber a quienes fueran sus compañeros de trabajo quienes por políticas de la empresa destinaban un pequeño porcentaje para apoyar económicamente a los deudos.

El cuerpo de Carlos Granados Lona fue inhumado en el panteón de Santa Paula, en donde amigos y compañeros lo escoltaron hasta la que sería su última morada, la gaveta 11 de la segunda serie del panteón Jardín, esto según la antigua ubicación de los espacios del Camposanto, tumba que hoy tiene el nombre de Rodolfo Hernández, hijo adoptivo de “El Cocodrilo”.

#personajesdeguanajuato #guanajuatodemisrecuerdos #ndnoticiassinfiltros #reportajes

Share this content: